El cuidado del cabello y el cuero cabelludo exige más a un botánico que el cuidado de la piel. El mismo aceite que resulta lujoso en el rostro puede apelmazar el cabello fino o dejar una película que el consumidor interpreta como "grasa." Elegir ingredientes vegetales para el cabello implica pensar en dos superficies distintas — la fibra y el cuero cabelludo — y en cómo se usa el producto.
Leer la fibra: deslizamiento y peso
El tallo del cabello quiere lubricación sin carga. Los aceites ligeros de rápida extensión aportan deslizamiento — peinado más fácil, menos rotura en el peine — sin captar la atención de los sentidos. La jojoba (Simmondsia chinensis), técnicamente una cera líquida cercana en estructura al sebo, es aquí un caballo de batalla por su tacto final ligero. El aceite de semilla de brócoli (Brassica oleracea italica) se ha ganado una reputación de deslizamiento y brillo naturales, a veces posicionado como alternativa vegetal al tacto de la silicona. El argán (Argania spinosa) se sitúa en el medio — más rico, apreciado por el alisado y el brillo en cabello de medio a grueso. Materiales más pesados como el ricino o la oliva conviene reservarlos para texturas muy gruesas o el uso rinse-off.
El cuero cabelludo es piel
El cuero cabelludo se comporta como piel, no como cabello, y los botánicos que le convienen son distintos. Los aceites esenciales de romero (Rosmarinus officinalis) y menta (Mentha piperita) aportan una firma sensorial fresca, refrescante y energizante que los consumidores asocian con los productos para el cuero cabelludo. Los extractos de ortiga (Urtica dioica) portan un relato botánico tradicional. Todos ellos deben ir a niveles bajos y deliberados dentro de las directrices IFRA y una evaluación de seguridad del producto terminado — el cuero cabelludo puede ser reactivo, y los aceites esenciales ganan su lugar mediante la contención.